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EL CIELO

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Situación de los no cristianos o de los que están fuera de la Iglesia, en el Cielo

318. La opinión general es que aquellos que han nacido fuera de la iglesia, los. cuales se llaman paganos o gentiles, no pueden ser salvados por la causa de que no tienen el, Verbo, ignorando así al Señor, y sin el Señor no hay salivación; pero no obstante se puede, por esto solamente, saber que también ellos se salvan, puesto que la misericordia del Señor es universal, es decir, para con cada uno particularmente; que ellos nacen hombres tanto como los que están dentro de la iglesia, los cuales son respectivamente pocos; que no tienen ellos la culpa de que ignoran al Señor; él que piensa por una razón algo ilustrada puede ver que ningún nombre ha nacido para el infierno, porque el Señor es el amor mismo y Su amor es querer salvar a todos; y por esto ha dispuesto también el que tengan todos religión, y mediante esta, reconocimiento de lo Divino, y de la vida interior, porque vivir según la religión es vivir interiormente; siendo así que entonces se mira a lo Divino, y cuanto uno mira a esto tanto deja de mirar al mundo, y se aparta del mundo, es decir, de la vida del mundo, que es la vida exterior.

319. Que los gentiles son salvados tanto como los cristianos puede saber él que sabe lo que constituye el cielo en el hombre; porque el cielo está dentro del hombre y quien tiene en sí el cielo va al cielo; el cielo en el hombre es reconocer lo Divino y ser guiado por lo Divino; lo primero y principal de toda religión es reconocer a lo Divino; la religión que no reconozca a lo Divino no es religión y los preceptos de toda religión se refieren al culto, es decir, a la manera en que se debe adorar a lo Divino a fin de que el hombre sea aceptado por Él; y cuanto esto está en su ánimo o sea cuanto quiere esto o cuanto ama esto, tanto es guiado por el Señor. Es conocido que los gentiles conducen una vida tan moral como los cristianos y muchos de ellos una vida mejor que la de los cristianos; una vida moral se conduce a causa de lo Divino o bien a causa de los hombres en el mundo; una vida moral que se' conduce a causa de lo Divino es una vida espiritual, ambas parecen iguales exteriormente, pero interiormente son completamente diferentes; la una salva al hombre, la otra no le salva; porque el que vive una vida moral a causa de lo Divino es guiado por lo Divino, y el que vive una vida moral a causa de los hombres en el mundo es guiado por sí mismo. Pero se ilustrará esto mediante un ejemplo: él que no causa mal a su prójimo por ser esto contrario a la religión, es decir, en contra de lo Divino, este se abstiene de causar el mal por principio espiritual; y él que no causa el mal a otro sólo por temor a la ley, a perdida de reputación, honores o ganancias, es decir, por causa de sí mismo y del mundo, este se abstiene de causar el mal por principio natural, y este es guiado por sí mismo; la vida de este es natural, la de aquel, por el contrario, espiritual: el hombre cuya vida moral es espiritual tiene en sí el cielo, y aquel cuya vida moral es meramente natural no tiene en sí el cielo; la causa es que el cielo influye desde lo superior y abre sus cosas interiores y mediante las interiores influye en las exteriores; pero el mundo influye desde lo inferior y abre las cosas exteriores pero no las interiores, porque no hay influjo del mundo natural en el espiritual, sino del mundo espiritual en el natural; por lo cual si el cielo no es recibido también, las cosas interiores se cierran. Por esto se puede ver quienes son los que en sí reciben el cielo y quienes no. Pero el cielo no es igual en uno y en otro; varía en cada uno según las inclinaciones al bien y por ello a la verdad; él que se halla en inclinaciones al bien a causa de lo Divino, este ama la Divina verdad; porque el bien y la verdad se aman mutuamente y desean unirse; por cuya razón los gentiles, aunque en este mundo no se hallan en verdades genuinas, sin embargo, las reciben por amor en la otra vida.

320. Hubo cierto espíritu de los gentiles que en el mundo había vivido en el bien del amor al prójimo según sus preceptos religiosos. Cuando este oyó raciocinar a los espíritus cristianos sobre asuntos de creencias (los espíritus raciocinan entre sí con mucho más trascendencia y agudeza que los hombres, principalmente de bienes y verdades), asombrado de oírles disputar así, dijo que no quería oír estas cosas; porque raciocinaban por apariencias y falacias, y les instruyó así: "si soy bueno puedo saber por mi mismo bien las cosas que son verdades, y la verdad que no conozco puedo admitir."

321. Por mucha práctica he aprendido que los gentiles que han conducido una vida virtuosa, que han vivido en obediencia y respeto y en mutuo amor al prójimo según sus preceptos religiosos y que por ello han adquirido alguna conciencia, son aceptados en la otra vida y allí por los ángeles, con solicitud y esmero, instruidos en los bienes y las verdades de la fe, conduciéndose durante la instrucción con modestia e inteligencia, sabiamente, recibiendo con facilidad las verdades y penetrándose de ellas; porque nunca se han formado principios falsos contra las verdades de la fe, cuyos principios se han de combatir; menos aún escándalos contra el Señor como varios cristianos que de Él tienen la misma idea que de un hombre ordinario. Cosa diferente sucede con los gentiles, quienes al oír que Dios se hizo hombre, revelándose así en el mundo, lo reconocen inmediatamente y adoran al Señor, diciendo que Dios sin duda alguna se ha revelado, puesto que es el Dios del cielo y de la tierra, y puesto que el género humano es de Él.

Es una Divina verdad, que sin el Señor no hay salvación; pero esto debe entenderse en el sentido de que nadie es salivado sino por el Señor. Hay en el universo varias tierras y todas llenas de habitantes; apenas hay allí quien sepa que el Señor ha adoptado humanidad en nuestra tierra, pero puesto que adoran a Dios bajo forma humana, son, sin embargo, aceptados y guiados por el Señor; de cuyo particular se puede ver- en el opúsculo "Las Tierras en el Universo."

322. Entre los gentiles como entre los cristianos hay sabios y simples. Con el fin de que me enterara de como son, me ha sido permitido hablar con estos y aquellos, a veces durante horas y días; pero actualmente no hay sabios tales como había en los tiempos antiguos; sobre todo en la antigua iglesia, que se hallaba extendida sobre una grande parte del terreno asiático, y de la cual la religión se extendió a varias tribus paganas a fin de que supiera como eran me ha sido permitido conversar familiarmente con algunos de ellos. Estuvo conmigo cierto espíritu pagano, el cual había sido de los más sabios y por ello también conocido en el mundo erudito, con este hablé de varias cosas; me fue dado creer que era Cicerón, y sabiendo yo que este había sido un sabio, la conversación con él versaba sobre la sabiduría, la inteligencia, el Verbo y finalmente sobre el Señor. En cuanto a la sabiduría, dijo que no existe otra sabiduría que la de la vida y que no puede decirse sabiduría de otra cosa alguna. En cuanto a la inteligencia que esta viene de aquella. En cuanto al orden, que el orden viene del Supremo Dios y que el vivir según este orden es ser sabio e inteligente. En cuanto al Verbo, al citarle algo de la parte profética se complació en el más alto grado, particularmente de que todo nombre y toda palabra en y por sí significaban cosas interiores, sumamente asombrado de que los sabios del tiempo actual no se complazcan en tal estudio. Percibí distintamente que las cosas interiores de su pensamiento o de su mente se hallaban abiertas. Dijo que no podía prolongar más su presencia por percibir lo santo más de lo que podía sostener, de tal manera se afectaba su interior. Finalmente la conversación giró sobre el Señor, quien nació hombre, engendrado por Dios que se despojó de lo humano que recibió de la madre, revistiéndose de lo Humano Divino y que es Él que gobierna el universo. a esto contestó que conocía varias cosas referentes al Señor, y que percibía de su manera que si había de salvarse la raza humana, no hubiera podido verificarse de otra manera. Entre tanto ciertos cristianos malos infundían varias ideas escandalosas, pero no se incomodó por ello, diciendo que no era de extrañar, puesto que con respecto a estas cosas habían adquirido en la vida del cuerpo ideas que no eran tales como debían ser, y que antes de ser dispersadas estas, no podían admitir las ideas verdaderas como pueden los que ignoran las falsas.

323. También me ha sido permitido hablar con otros que vivían en los tiempos antiguos, y que eran entonces de los más sabios. Primero se dejaron ver enfrente de mí, a cierta distancia, y desde allí podían percibir las cosas interiores de mi pensamiento, por consiguiente varias cosas en conjunto. Por una sola idea del pensamiento podían deducir toda la serie y llenarla de gratos pormenores de sabiduría con amenas representaciones. Percibí por esto que eran de los más sabios; y se dijo que eran de los antiguos; así se acercaron. Cuando entonces les cité algo del Verbo se complacieron en el más alto grado; percibí su mismo goce y placer causados principalmente por el hecho de que todo y cada detalle del Verbo que escuchaban representaba y significaba cosas celestiales y espirituales. Dijeron que en su tiempo, cuando vivían en el mundo, este modo era su modo de pensar, hablar y asimismo de escribir y este era el estudio de su sabiduría.

324. Pero los gentiles que viven actualmente no son tan sabios, sino por la mayor parte simples de corazón; no obstante esto, en la otra vida reciben sabiduría, aquellos entre ellos que han vivido en mutuo amor al prójimo, y con referencia a esto, me es permitido citar algunos ejemplos. Mientras que leía los capítulos 17 y 18 del libro de los Jueces (de Micaía, que los hijos de Dan llevaron consigo su imagen esculpida, el teraphin, y el Levita) halla base presente un espíritu de los paganos que en su vida corporal había adorado una imagen esculpida. Al escuchar con atención lo que pasó a Micaía, y el dolor que experimentaba a causa de su imagen esculpida que los hijos de Dan le quitaron, le sobrevino, a él también, un dolor, afectándole tanto que no sabía que pensar a causa del mismo. Este dolor se dejó percibir, percibiéndose también la inocencia en cada una de sus inclinaciones. Encontrábanse presentes también unos espíritus cristianos, y se extrañaron de que un adorador de una imagen esculpida experimentase tan intenso sentimiento de misericordia y de inocencia. Luego hablaron con él unos espíritus buenos, diciéndole que no debía adorar una imagen esculpida, y que podría comprender esto, siendo hombre; pero apartándose de la imagen esculpida, debía pensar en Dios, el Creador y Gobernador de todo el cielo y de toda la tierra, y que este Dios es el Señor. Al decir esto, el sentimiento interior de su adoración, cuyo sentimiento me fue comunicado, se dejó percibir, siendo mucho más santo que el de los cristianos. Por lo cual puede constar que los paganos van más fácilmente al cielo que los cristianos, actualmente según las palabras del Señor en Lucas:

"Entonces vendrán del oriente y del occidente, del norte y del mediodía y se sentarán a la mesa en el reino de Dios y he aquí, son postreros los que eran los primeros y son primeros los que eran los postreros." (13: 29,30).

Porque en el estado en que el pagano estaba podía penetrarse de todas las cosas de la fe y recibirlas con una inclinación interior; en el había misericordia, que es del amor, y en su ignorancia había inocencia y hallándose estos presentes se reciben casi espontáneamente todas las cosas de la fe, y con gozo. Luego fue admitido entre los ángeles.

325. Un coro se oyó una mañana a cierta distancia; por las representaciones del coro me fue dado a conocer que eran chinos, porque representaban cosa parecida a una cabra lanosa y también un bollo de harina, una cuchara de ébano y la idea de una ciudad flotante. Deseaban llegar más cerca de mí, y después de haberse reunido conmigo, dijeron que deseaban estar a solas conmigo para manifestar sus pensamientos; pero les fue dicho que no estaban solos, y que habían otros que se enojaban de su deseo de estar solos, cuando, sin embargo, eran huéspedes. Al percibir la indignación de estos les ocurrió la idea de haber acaso faltado al prójimo y quizás haberse apropiado de algo que pertenecía a otros (todo pensamiento se comunica en la otra vida). Me fue dado a percibir la emoción de su ánimo; era la de una confesión de quizás haber molestado, y también de vergüenza a consecuencia de ello, y al mismo tiempo de otras inclinaciones benévolas. Así se dejó notar que se hallaban dotados de amor al prójimo. Luego hablé con ellos, finalmente también acerca del Señor. Al llamarle "Cristo" percibí en ellos cierta aversión, pero la causa se descubrió; era que llevaban consigo desde el mundo esta repugnancia, por haber conocido que los cristianos allí vivían peor que ellos y sin amor alguno al prójimo; pero llamándole sencillamente "Señor," se emocionaron íntimamente. Luego fueron instruidos por los ángeles de que la doctrina cristiana prescribe amor al Señor y al prójimo más que a toda otra doctrina en el mundo, pero que pocos viven conforme ella. Existen paganos quienes, mientras que vivían en el mundo, llegaron a conocer, por trato y por relación, que los cristianos conducen una mala vida, hallándose en adulterio, odios, enemistades, embriaguez y semejantes cosas, las cuales causaban miedo a estos, por ser tales cosas contrarias a sus preceptos religiosos. Estos, más que otros, tienen en la otra vida miedo de recibir las verdades de la fe; son, sin embargo, instruidos por ángeles de que la doctrina cristiana y la fe misma enseñan muy distinta cosa, pero que los cristianos, menos que los paganos, viven en conformidad con ella. Al percibir esto admiten las verdades de la fe y adoran al Señor, pero más tarde que los otros.

326. Es costumbre que los paganos que han adorado a algún dios bajo una imagen o estatua, o bajo algún ídolo esculpido, al entrar en la otra vida, son introducidos cerca de ciertas personas que sustituyen a sus dioses o ídolos, con el fin de que se desprendan de sus fantasías; habiendo permanecido con ellas algunos días, son apartados. Los que han adorado a hombres son a veces introducidos a estos o a otros en su lugar; por ejemplo, varios de los judíos a Abrahán, Jacob, Moisés, David; pero al percibir que estos tienen igual humano que otros hombres, y que ninguna ayuda pueden prestarles, se avergüenzan y son conducidos a sus lugares con arreglo a la vida. De los paganos los africanos son los más queridos en el cielo, porque estos reciben los bienes y las verdades del cielo más fácilmente que otros. Sobre todo quieren que se les llame obedientes pero no creyentes (fieles); dicen que los cristianos, puesto que tienen la doctrina de la fe, pueden llamarse creyentes, pero no ellos, si no la admiten, o como ellos dicen, si no pueden admitirla.

327. He hablado con algunos que fueron de la iglesia antigua (se llama iglesia antigua la que existía después del diluvio, extendida entonces sobre varios reinos, a saber sobre Asiría, Mesopotamia, Siria, Etiopia, Arabia, Libia, Egipto, Filistea, hasta Tiro y Sidón, sobre la tierra de Canaán a ambos lados del Jordán), y quienes entonces habían tenido conocimiento del Señor y de que había de venir; hallándose penetrados por los bienes de la fe, la abandonaron, sin embargo, y degeneraron en idólatras.

Estaban hacia delante a la izquierda en un lugar oscuro, hallándose en un estado lastimero; su habla era como un quejido monótono, casi sin un solo pensamiento racional. Dijeron que habían estado allí varios siglos y que a veces fueron sacados de allí para prestar a otros algún uso y provecho de escaso valor. Con motivo de estos me fue dado a pensar cual es la suerte que en la otra vida espera a varios cristianos, que no son idólatras en cuanto al exterior, pero en cuanto al interior, porque son adoradores a sí mismos y al mundo y niegan en el corazón al Señor.

328. Que la iglesia del Señor se halla distribuida por todo el globo terrestre, es decir, universalmente, y que de ella forman parte cuantos viven en el bien del amor al prójimo con arreglo a sus preceptos religiosos y que la iglesia donde se halla el Verbo y por este es conocido el Señor, es con relación a los que están fuera de la iglesia como el corazón y el pulmón en el hombre, por virtud de los cuales viven todas las vísceras y miembros del cuerpo, diferentemente según sus formas, lugares y conjunciones, puede verse arriba (n. 308).

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